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Anorexia doble con queso

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Cada mañana, al despertar, tengo cinco kilos de más pero no los tengo. Y sólo puedo llegar a la conclusión de que lo que me pesa de verdad lo llevo en el alma.

Engordo y adelgazo constántemente. Lo que no sé es desde cuando. A juzgar por las estrías de mi espalda, diría que desde hace bastante. La verdad es que a mí se me ha hecho siempre más fiable fabular causas que recordarlas.

Esta semana consulté a un nutricionista. También comencé a trotar puntualmente a las seis de la mañana y volví al gimnasio. Mi objetivo es perder esos cinco kilos que no me sobran. Y ya.

Es un mundo absurdo, así que tengo infinitas posibilidades para hacerlo. Desde la alternativa más simple hasta la más complicada. He considerado alimentarme balanceadamente y hacer ejercicio, pero también tragar pastillas chinas, hacer dietas relámpago y hasta vomitar después de cada comida. Para cada opción tengo una visión más o menos clara de los alcances y las consecuencias. Por supuesto que sé que comer bien es mejor que vomitar después de comer. Pero eso no quita que sea desagradablemente más lento. Y a mí, como a todo el mundo en este mundo de velocidades alteradas y métodos sintéticos para todo, me gusta que las cosas pasen cuando quiero que pasen y no cuando tienen que pasar.

He estado viendo las fotos de Jared Leto gordo y las de Jared Leto con 30 kilos menos después de beber sólo limonada durante un mes. Vi un stand up comedy de Wanda Sykes en el que dice que a los cauchos hay que ponerle un nombre (el de ella es Esther). A los míos no sé cómo llamarlos. Prefiero no hacerlo, no vaya a ser que me encariñe con ellos y me deprima si es que llego a eliminarlos como la plaga que son.

Es que estoy obsesionado con una gordura que no existe como los niños se obsesionan con los monstruos que viven debajo de la cama y que nadie más puede ver. Y hay días como hoy cuando pienso en genética no porque me interesen los misterios del ADN, sino porque son días en los que me gustaría que la genética y todas esas estupideces que me gustan sirvieran para cosas realmente útiles, como que mi cuerpo no tenga que terminar como el de la gorda de mi madre o mi neurosis como la del loco de mi padre o mi postdata como la del imbécil al que no se le ocurrió algo más interesante que escribir sobre su lucha contra una gordura que no existe mientras hay niños que de verdad se mueren de hambre.

Días de anorexia ficticia, de anorexia doble con queso. Como cuando uno se vuelve loco buscando dónde ha dejado su propia cabeza.

(Columna publicada en la revista Dominical del diario Últimas Noticias el 13 de noviembre de 2010)

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  5. danielamago reblogged this from gabrieltorrelles
  6. itsgrebitch reblogged this from gabrieltorrelles and added:
    Esto es un post neurótico. PUNTO.
  7. slgn reblogged this from gabrieltorrelles
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