Como una marea que crece y espanta y te golpea y arrastra, La Ola llega a la orilla de nuestra condición de patriotas y humanos con la maravillosa y abrumadora energía inexperta de un montón de jóvenes actores que suele desperdiciarse en telenovelas infames.
Al principio es eso.
A partir de ahí, todo es efervescencia.
El video, el soundtrack a ratos nostálgico y a otros eufórico, la ingenuidad, las botas adolescentes marchando al unísono y el esqueleto monstruoso que se arma ladrillo a ladrillo, con deudas subterráneas a The Wall (el de Waters y el de Parker, que al final es el mismo) y escalofriantes coincidencias con la política de todos los tiempos, bandos y colores.
Y listo.
Cuando La Ola llega, lo hace con muchísima espuma y sal, para que las heridas sigan ardiendo.
Cuando La Ola se va deja tirado en la playa el cadaver exquisito de la humanidad.
Mención aparte a Basilio Álvarez, quien está simplemente monstruoso como protagonista y también es el responsable de adaptar el guión cinematográfico escrito por Dennis Gansel y Peter Thorwarth.
Uno de los mejores montajes teatrales que he visto en años y la mejor de todas las excusas para insistir en ser una isla.
La Ola llega viernes, sábados y domingos aquí.

