delivery status notification
link
Wishful Thinkin’

Papá murió el 4 de diciembre del año pasado. Esa mañana me despertó la llamada de una doctora con la que nunca antes había hablado. Cuando atendí me dijo que papá había pasado la noche muy agitado. Ese jueves tenía planificado ir a verlo temprano para llevarle ropa, comida y pañales. Tras colgar el teléfono me bañé y me vestí para que mi chica me llevara a verlo, porque yo no sé manejar. Camino al hospital el teléfono volvió a sonar. Repicó tres veces. La misma doctora con la que nunca antes había hablado me comunicó que papá había fallecido pocos minutos antes.

No sé cuánto me quedé en silencio mirando a través de la ventanilla luego de colgar. Era un día bellísimo, soleado, despejado. Vi los edificios viejos de la avenida Victoria, un par de chinos discutiendo frente a una bodega, una señora gorda que usaba un horrendo vestido amarillo floreado cargando bolsas de supermercado, un Dodge azul destartalado mal estacionado y un carajito de no más de diez años comprando algo en un kiosco verde. Mi chica siguió conduciendo y me conoce tanto que, cuando me preguntó qué había pasado, lo hizo de forma que su voz sonara dulce y serena, como para mantenerme sedado la mayor cantidad de tiempo posible, antes de que finalmente yo cayera en cuenta de que ese momento, con todos sus detalles, sí era de verdad. Esa mañana memoricé la imagen del momento exacto cuando supe que había muerto y sin que nadie lo supiera la redacté en un papel que arrugué y escondí en algún lugar de mi casa. Después decidí no volver a leerlo hasta que fuera necesario.

Papá y yo teníamos una relación complicada. Me pasé los últimos veinte años de mi vida tratando de no ser como él, pero el problema siempre fue que nos parecíamos demasiado.

A veces creía que lo odiaba y otras veces estaba completamente seguro, aunque tanto él como yo supiéramos secretamente que lo que realmente odiaba era no poder hacerlo cambiar. Porque papá era una de esas personas a las que les gusta que las cosas fueran a su manera, para bien o para mal. Un necio irreversible, un romántico imposible, una contradicción andante y un genio delirante. Quería hacer que cambiara y yo, que soy un pobre entusiasta del futuro, hoy vuelvo a escribir de él, porque no tengo otra forma de tener lo que quiero: ese gran invento que nadie ha hecho y que es lo único que necesito. Algo, cualquier cosa, que me permita volver al pasado por unos segundos, a la noche cuando lo abracé y comenzó a llorar y tuvo un momento final de lucidez cuando me dijo “te quiero mucho, hijo”, antes de que volviera a perder la mirada para ponerse a hablar de los visitantes invisibles que quizás sí estaban allí en realidad, susurrándole cosas al oído cuando todos creíamos que definitivamente había perdido la razón para siempre.

No sé. Tal vez se refería a una versión de mí mismo que en el año sopotocientos por fin logró montarse en una máquina del tiempo para que pudiera decirle cuánto lo extraño.

(#postdata publicada el 8 de diciembre de 2009 en el periódico urbe)

  1. goodnay reblogged this from gabrieltorrelles
  2. jimmonro reblogged this from gabrieltorrelles
  3. jesusaldazoro reblogged this from gabrieltorrelles and added:
    excelente Gabriel Torrelles. te considero uno...mis escritores favoritos.
  4. laletrau reblogged this from gabrieltorrelles
  5. oscarnosabe reblogged this from gabrieltorrelles
  6. isgerry reblogged this from gabrieltorrelles
  7. lagatamey reblogged this from gabrieltorrelles
  8. gabrieltorrelles posted this