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Sin dientes

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En principio, la arrechera es la mejor de todas las motivaciones. Hay que comenzar por algún lado y para mí lo más honesto es comenzar desde ahí. Sin embargo, sea cual sea el móvil, es la forma y no el fondo lo verdaderamente innovador de esta teoría, por lo tanto es a eso a lo que debes prestar atención de la misma, que dicho sea de paso, como teoría no es mía, sino de mi mujer.

La coartada perfecta para la irreverencia es la vejez. O dicho de otra forma, el punk le pertenece naturalmente a los ancianos. Es algo así como la paradoja sobre la que se construye por completo El Planeta de los Simios, si lo que quieres es que te lo explique científicamente, o cinematográficamente, o en una mezcla arrebatadísima de las dos.

Básicamente se trata de darte cuenta de que tu futuro es el pasado de tu presente.

El punk es de los viejos, por antonomasia. Míralos bien. Chasqueando la boca, dejando de bañarse durante días, diciéndole hijo de puta en la cara a quien les dé la gana. Pregúntate si no sería maravilloso darle a tu abuela un arma. Imagínate por un momento que le pega un tiro a un malandro escogido al azar. ¿Qué es lo peor que podría pasar?

Uno pierde tanto tiempo tratando inutilmente de retrasar el envejecimiento. Uno pierde tanto tiempo revirtiendo lo irreversible. Uno invierte tanto dinero en vitaminas, cremas faciales, dietas, cirugías y ejercicio. Uno no entiende que la decadencia del cuerpo es un argumento irrefutable para ser capaz de hacer todo lo demás.

A veces estamos en la cama, mi mujer y yo, viendo televisión, cada quien en lo suyo. Y entre el montón de fantasmas ventiañeros de cabeza hueca y de tetas vendiendo chancletas y de almas retocadas con Photoshop, de repente nos topamos con algún viejo admirable, uno de esos viejos anónimos que no tienen sentido del ridículo, un viejo sin vergüenza al que le sabe a mierda que lo conviertan en chiste.

Y lo que somos mi mujer y yo, estamos convencidos de que deseamos ser como él.

Lo que queremos es hacer de la vejez un superpoder, el más genial de todos. Lo que queremos es dejar que los años nos hagan invencibles, como lo fuimos antes, como lo cantan los Babasónicos en su poesía imposible, enseñándote a dejar de temerle a tu destino, siempre y cuando permanezcas siempre apurado.

Es la forma, no el fondo. Porque sea de la forma que sea, todos andamos buscando siempre lo mismo: alguien que mire al mundo como seguramente en uno de esos miles de millones de universos paralelos ya lo has mirado tú. En mi caso, como escribí al comienzo, el detonante siempre será la arrechera y su rush, la arrechera contra todo lo que no seas tú mismo. Y es que es un detonante muy válido, tomando en cuenta que, como leí hace poco, nadie debe subestimar el poder del resentimiento.

Yo estoy urgido por envejecer, pero el tiempo se toma su tiempo y esa es la excusa de quien inventó la paciencia y también de quien inventó los secretos. Estoy ansioso por tener libertad plena de hacer lo que me venga en gana. Mientras tanto, no pasa nada. Sólo que la arrechera de la que hablo, pues, se va macerando. El cuerpo se deshace y la máquina tarde o temprano se descompone, pero la arrechera insiste en hacerse más fuerte en el futuro y el futuro en parecerse tanto al pasado y no hay nada más peligroso que un rencor madurado en manos de alguien irresponsable, libre y senil como lo serás en algún momento, como estoy seguro de que ya fuiste alguna vez.

Y tampoco hay nada más maravilloso.

Quiero llegar de una vez por todas al futuro. Quiero conocerte, de nuevo. Quiero que perdamos los dientes, juntos. Quiero que seamos jóvenes por siempre, otra vez.

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Radiohead - 8 bit

 

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Conozco a Robert Adalierd prácticamente desde que nací. Fuimos juntos al colegio, tuvimos una banda juntos, nos emborrachamos juntos y nos drogamos juntos. Robert no es mi amigo, es mi hermano. Él lo sabe, por más que no se lo diga jamás.
Claus Cibils fue mi preparador en la universidad y después se convirtió en mi amigo. Trabajamos juntos y cuando viví en Madrid se ocupó de no dejarme morir de hambre, frío o cualquier otra cosa estúpida de la que me pude haber muerto con todo ese dinero y ganas de morirme. Allí se comportó, también, como un hermano mayor. Y creo que nunca le dije gracias.
Yo soy la peor persona del mundo, pero eso no se va a arreglar de la noche a la mañana ni con ellos ni con el resto de mis amigos, de mis mejores amigos, de esa diáspora caraqueña que salió a conquistar el mundo mientras el mundo terminó conquistándome a mí.
Lo que sí puedo hacer, mientras tanto, es escribir aquí lo orgulloso que estoy de ellos.
Aquí, no a ellos directamente.
Y decirte que si tienes la suerte de estar en NY asistas a la muestra de arte del flyer que está arriba.
Claus es un genio con el video. Robert es un genio de la fotografía. Ve a verlos y si no te parece un abuso, acércate a ellos y recuérdales cuánto los quiero.
Aunque yo, a ellos, en persona, nunca se los vaya a decir.
TIMEWRAP - NTSC and Rob Adalierd // Opening: Jun 2nd, 4pm - 10Pm. 45-19 Davis Street, Long Island City

Conozco a Robert Adalierd prácticamente desde que nací. Fuimos juntos al colegio, tuvimos una banda juntos, nos emborrachamos juntos y nos drogamos juntos. Robert no es mi amigo, es mi hermano. Él lo sabe, por más que no se lo diga jamás.

Claus Cibils fue mi preparador en la universidad y después se convirtió en mi amigo. Trabajamos juntos y cuando viví en Madrid se ocupó de no dejarme morir de hambre, frío o cualquier otra cosa estúpida de la que me pude haber muerto con todo ese dinero y ganas de morirme. Allí se comportó, también, como un hermano mayor. Y creo que nunca le dije gracias.

Yo soy la peor persona del mundo, pero eso no se va a arreglar de la noche a la mañana ni con ellos ni con el resto de mis amigos, de mis mejores amigos, de esa diáspora caraqueña que salió a conquistar el mundo mientras el mundo terminó conquistándome a mí.

Lo que sí puedo hacer, mientras tanto, es escribir aquí lo orgulloso que estoy de ellos.

Aquí, no a ellos directamente.

Y decirte que si tienes la suerte de estar en NY asistas a la muestra de arte del flyer que está arriba.

Claus es un genio con el video. Robert es un genio de la fotografía. Ve a verlos y si no te parece un abuso, acércate a ellos y recuérdales cuánto los quiero.

Aunque yo, a ellos, en persona, nunca se los vaya a decir.

TIMEWRAP - NTSC and Rob Adalierd // Opening: Jun 2nd, 4pm - 10Pm. 45-19 Davis Street, Long Island City

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Anorexia doble con queso

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Cada mañana, al despertar, tengo cinco kilos de más pero no los tengo. Y sólo puedo llegar a la conclusión de que lo que me pesa de verdad lo llevo en el alma.

Engordo y adelgazo constántemente. Lo que no sé es desde cuando. A juzgar por las estrías de mi espalda, diría que desde hace bastante. La verdad es que a mí se me ha hecho siempre más fiable fabular causas que recordarlas.

Esta semana consulté a un nutricionista. También comencé a trotar puntualmente a las seis de la mañana y volví al gimnasio. Mi objetivo es perder esos cinco kilos que no me sobran. Y ya.

Es un mundo absurdo, así que tengo infinitas posibilidades para hacerlo. Desde la alternativa más simple hasta la más complicada. He considerado alimentarme balanceadamente y hacer ejercicio, pero también tragar pastillas chinas, hacer dietas relámpago y hasta vomitar después de cada comida. Para cada opción tengo una visión más o menos clara de los alcances y las consecuencias. Por supuesto que sé que comer bien es mejor que vomitar después de comer. Pero eso no quita que sea desagradablemente más lento. Y a mí, como a todo el mundo en este mundo de velocidades alteradas y métodos sintéticos para todo, me gusta que las cosas pasen cuando quiero que pasen y no cuando tienen que pasar.

He estado viendo las fotos de Jared Leto gordo y las de Jared Leto con 30 kilos menos después de beber sólo limonada durante un mes. Vi un stand up comedy de Wanda Sykes en el que dice que a los cauchos hay que ponerle un nombre (el de ella es Esther). A los míos no sé cómo llamarlos. Prefiero no hacerlo, no vaya a ser que me encariñe con ellos y me deprima si es que llego a eliminarlos como la plaga que son.

Es que estoy obsesionado con una gordura que no existe como los niños se obsesionan con los monstruos que viven debajo de la cama y que nadie más puede ver. Y hay días como hoy cuando pienso en genética no porque me interesen los misterios del ADN, sino porque son días en los que me gustaría que la genética y todas esas estupideces que me gustan sirvieran para cosas realmente útiles, como que mi cuerpo no tenga que terminar como el de la gorda de mi madre o mi neurosis como la del loco de mi padre o mi postdata como la del imbécil al que no se le ocurrió algo más interesante que escribir sobre su lucha contra una gordura que no existe mientras hay niños que de verdad se mueren de hambre.

Días de anorexia ficticia, de anorexia doble con queso. Como cuando uno se vuelve loco buscando dónde ha dejado su propia cabeza.

(Columna publicada en la revista Dominical del diario Últimas Noticias el 13 de noviembre de 2010)

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Porno cuántico

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Algo que leí de Grandes Biografías del Siglo 26 esta mañana antes de sentarme a escribir: “El ADN es un parásito y el cuerpo no ha superado el estadio de mero anfitrión.

¿Quienes somos en realidad? Existe un conflicto fundamental entre nuestras particularidades, nuestras potencialidades como individuos y el lastre instintivo que nos lleva a invadir, conquistar, reproducir y perpetuar. Es decir, el imperio de un orden jerárquico y biológico que nos impulsa desde el individuo, desde lo que creemos es la identidad misma, pero que no es otra cosa que una suerte de esclavitud, la que nos obliga a conservar eso que se nos revela como propio y a aniquilar todo concepto rival: especies, culturas, géneros. Creo que el ADN no debe permanecer inviolable. Contiene secciones que están obsoletas en términos de un desarrollo post-evolucionario”.

Cuando no estoy leyendo teorías científicas miro porno. Bondage, más que todo. Sólamente hoy he visto sopotocientos tutoriales de nudos que un boy scout sabe hacer perfectamente, aunque no los use para lo mismo que los quiero usar yo. Internet está lleno de fotos de mujeres amarradas, inmovilizadas, sonrientes, abiertas y dispuestas. Todas en posiciones elásticas, atómicamente imposibles, virtualmente ilimitadas. Genes, tiempo y espacio. De ser esta columna una sucesión azarosa de ideas, entonces el porno, especialmente el de amarrar (una idea con otra), sería el componente físico de mi ecuación.

Y la física también ha estado de moda los últimos días. Ahora todo el mundo lee a Stephen Hawking. De alguna forma, una bastante retorcida, lo que dice, lo que muestra, lo que comparten entre sí todos los que lo ven, es porno, porno para nerds. Yo miro porno de dominación con curiosidad y rigurosidad científica, con hambre experimental. Pero mis erecciones son provocadas por otras cosas.

Algo que leí en un ensayo sobre las teorías de Hugh Evereth III, físico: “Si un viajero en el tiempo pudiera ir al pasado y asesinara a su abuelo, este viajero no nacería, y al no nacer, no sería posible que este sujeto haya viajado en el tiempo. Sin embargo, en una realidad alterna o universo paralelo, el viajero podría interactuar con su “abuelo” e incluso hacerle desaparecer, y el viajero seguiría existiendo, ya que cambió una realidad distinta a la suya, de la cual partió originalmente. Una consecuencia de estos viajes sería que para el individuo viajante no sería posible volver a la realidad de la partió inicialmente”.

Yo no querría volver. Después de viajar en el tiempo, de hackearme genéticamente, de saltar de un agujero de gusano a otro, engendrando tantos universos paralelos como sea posible, nadie debe regresar a ningún lado.

Uno lo que tiene que hacer es convertirse en una partícula, siempre en movimiento. Uno lo que tiene que hacer es cambiar su idea del romance por el gusto metódico hacia el porno, sin ataduras, sin emoción. Uno tiene que ser como esa gente que tiene el síndrome Williams, un raro trastorno genético conocido mayormente por hacer que la gente ame a otros y confíe en otros compulsivamente, aunque de mentira. Uno tiene que ser hiper-social, como esa gente que conoce a todo el mundo en Facebook aunque no conoce a nadie, montarse en el carro de perfectos desconocidos y decirle a cualquiera, aleatoriamente, que lo ama. Uno tiene que enfrentarse a todos los mundos y universos probables como si estuviera en piedra, así mismo. Darse cuenta que cada cabeza es un mundo, literalmente, y que no necesariamente en ese mundo estás tú. Y ver qué pasa cuando te des cuenta de que cuando más gente te rodea es cuando más solo estás.

En piedra, en un trillón de pedazos hechos de hidrógeno, carbono, nitrógeno, oxígeno y fósforo, perdidos en el espacio, extraviados en el tiempo, como fotos porno que nadie se atreve a bajar.

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Verschränkung

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Erwin Schrödinger propone un sistema formado por una caja cerrada y opaca que contiene un gato, una botella de gas venenoso, una partícula radiactiva con un 50% de probabilidades de desintegrarse en un tiempo dado y un dispositivo tal que, si la partícula se desintegra, rompe la botella y mata al gato.

Todo el sistema depende de un solo átomo que actúa de acuerdo a las leyes de la mecánica cuántica. Según estas leyes, el sistema gato-dispositivo no puede separarse en sus componentes originales (a saber, el gato y el dispositivo) a menos que se haga una medición sobre el sistema. El sistema “gato-dispositivo” está inevitablemente entrelazado, o como se conoce en alemán, Verschränkung.

Así, mientras la caja no se abra, el sistema antes mencionado tiene aspectos de un gato vivo y también aspectos de un gato muerto. Por tanto, sólo podemos saber de la potencialidad del estado final del gato y nada del gato en sí. Si abrimos la caja, la sola acción de observar modifica el estado del sistema, por lo que podríamos observar un gato vivo o un gato muerto. Pero es imposible saberlo con certeza. La física cuántica postula que la pregunta sobre la vida del gato sólo puede responderse probabilísticamente.

No obstante, en 1957, Hugh Everett III interpretó este problema a partir de su teoría mundos paralelos. Para Everett no es un problema probabilístico. El gato está vivo y muerto a la vez, aunque en universos distintos, todos reales, pero incapaces de interactuar entre sí hasta que un observador finalmente abra la caja y se entrelace definitivamente con alguno.

En alguna ciudad, en la sala de alguna casa, una muchachita con todos los CD’s de Soda Stereoregados en la alfombra estuvo tratando de explicarle esto a su novio durante toda la madrugada, con los dedos llenos de chucherías y la boca seca, señalándole al pobre infeliz en la pantalla de la computadora, emocionada, el descubrimiento que había hecho pocos minutos antes mientras leía la noticia que, desde distintas fuentes y asumiendo distintas intensidades, informaba sobre el estado de salud del cantante Gustavo Cerati, tras su inesperado desmayo después del concierto que diera enCaracas la noche del sábado 15 de mayo de 2010.

—Es como el gato de Schrödinger—insistía poniendo los dedos en el monitor— y está vivo.

—Chama, no te entiendo— le respondieron.

Ella quería ponerse a llorar, pero no pudo.

Seguramente en otro universo ya estaba llorando.

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Ninguno de nosotros existe

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Dependiendo de a quién le preguntes, hay una posibilidad de 20 a 50% de estar  viviendo en una simulación por computadora. No como The Matrix (ahí la gente tenía un cuerpo real enchufado a una computadora). La cosa sería más bien como una versión súper avanzada de The Sims ejecutada en una máquina con un procesador más potente que todas las mentes de la tierra manejado por un estudiante de cuarto grado trabajando en un proyecto de ciencias en el futuro.

Nick Bostrom, filósofo de la Universidad de Oxford, está detrás de esta teoría. Estas serían las posibilidades: 1) La megacomputadora anterior manejada por ocio 2) La supervivencia y evolución de la raza en un escenario “posthumano” y 3) La decisión de estos “posthumanos” de investigar sus propia historia evolutiva.

Mientras tanto, en el mundo que conocemos (virtual o no), algunos expertos informáticos predicen que a mediados de este siglo tendremos el poder de cómputo para modelar las mentes de incluso nuestros antepasados más remotos.

En la actualidad, la tecnología de virtualización nos permite ejecutar varios “equipos virtuales” en un único equipo, cada uno con un sistema operativo diferente, completamente aislado de los accidentes o los virus que desactivan los demás. Ya no sólo almacenamiento sino procesamiento se puede hacer un computador ubicado en “la nube” y a una escala masiva. Y con los avances en simulación avanzada, podemos realizar autopsias virtuales en virtuales víctimas de accidentes automovilísticos virtuales, o predecir la devastación que un terremoto de magnitud 7.8 podría causar en el centro de Los Ángeles.
Daniel Burrus, entre los futuristas, tiene la distinción única de haber predicho con exactitud en 1983 los veinte desarrollos tecnológicos que todavía manejan los mercados globales de hoy. Dice que la era del comercio electrónico ha terminado y que la edad del v-commerce está por comenzar. Los estudiantes de medicina serán capaces de practicar una cirugía de corazón en pacientes virtuales antes de asistir en las operaciones de vida o muerte y las bolsas mundiales ya no requerirán plantas físicas comerciales llenas de gente gritando y agitando sus manos.

Pero esto tiene riesgos. Si hoy los equipos domésticos son vulnerables a virus y malware, los que están en “la nube” se exponen a otros, como el robo y la pérdida repentina de acceso a datos de gran escala, como por ejemplo, que alguien podría robarse completita esta enorme novela virtual protagonizada por todos nosotros. Y eso sería en sí misma una novela que me encantaría escribir.

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Mis dos minutos con Bob Dylan

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Cuenta la leyenda que Rodrigo Fresán vio a Bob Dylan lavando sus propios jeans con el jabón de manos de un hotel de lujo. Según escribe Ray Loriga en un artículo de julio de 2004, cuando alguien le sugirió que mandase los pantalones a la lavandería, Dylan contestó que hacía ya muchos años que su padre le había enseñado a lavarse sus propios pantalones.

Después de compartir un rodaje con él, Penélope Cruz relata que Dylan nunca come de lo suyo y que prefiere comer un poco de lo que le den los demás. Según, con eso le basta. Andrés Calamaro, que se viste como Dylan y con mucha menor fortuna, compone pensando en él, también guarda su segundo, aunque con celo. Tanto, que nadie más que él sabe lo que pasó.

El propio Ray, en su artículo, concluye narrando que una vez le pagó un café a Bob Dylan en Sevilla y que, en contra de la leyenda, le devolvió una sonrisa y le ofreció su mano y le regaló esos dos minutos con Dylan que cualquier admirador que se precie se ha pasado la vida buscando. Dylan le dijo gracias. Y él le dijo: no, señor Dylan, gracias a usted.

El lunes 30 de abril vi a Bob Dylan cantar en el Teatro Gran Rex de Buenos Aires. Escribo esta columna dos semanas antes por culpa del rigor de las imprentas, así que no sé aún qué pasó. Pero si algo tienen en común la imaginación y la física cuántica es que ambas sirven para inventar el futuro, que ya bastante que el señor Dylan se inventó su propio pasado y nos metió a todos en él.

Sé que su voz, ronca y gastada como una montaña, estaba ahí. Sé que cantó lo que le dio la gana y que las contadas sonrisas que le dedicó a la audiencia todos nos las tomamos como que eran sólo para nosotros.

La memoria, les he dicho, no funciona como creemos que funciona. Los recuerdos son como las palabras de los libros: cobran vida cuando piensas en ellos y se arman como si nuestro cerebro fuera el director de una película que construye todas las versiones que pueda de un mismo guión.

Así que yo puedo contar mis dos minutos con Dylan como me provoque. Luego del concierto, mi mujer y yo nos lo encontramos y hablamos con él de libros, poetas y discos. Después de estrechar mi mano, le dijo a ella que Lennon se mareaba fumando porros y a mí que no confiara en nadie que me dijera que no miente porque los que dicen eso son los únicos mentirosos de verdad. Después se puso su sombrero, se dio media vuelta y desapareció en ese otro universo, donde viven las leyendas y los sueños y donde anda escribiendo otra canción para mí.

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keyjimenez:

Estos serán forever los mejores quotes de mis momentos de melancolía , bipolaridad y quizás hasta tristeza. Son sacados de un libro que todos deberían tener llamado “Peor que tu” escrito por Gabriel Torrelles.

keyjimenez:

Estos serán forever los mejores quotes de mis momentos de melancolía , bipolaridad y quizás hasta tristeza. Son sacados de un libro que todos deberían tener llamado “Peor que tu” escrito por Gabriel Torrelles.